lunes, 7 de septiembre de 2015

La Carta de Jamaica es un documento vivo que define la expresión política del latinoamericanismo


Infografía realizada por Julio Barrios, AVN
AVN.- El concepto de una identidad latinoamericana como parte del discurso precursor del antiimperialismo es uno de los temas que expresa el Libertador Simón Bolívar en la Carta de Jamaica, documento vivo, que desde su génesis y evolución logra a lo largo de 200 años una vigencia de importancia en la geopolítica actual.
Con el título original "Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta isla", Bolívar asienta en un documento, por primera vez, la autorreferencia de identidad que marca una ruptura cultural con la matriz hispánica, explicó en entrevista con la Agencia Venezolana de Noticias (AVN) el presidente de la Comisión presidencial para la conmemoración del Bicentenario de la Carta de Jamaica, Pedro Calzadilla.

El referente de "Americano meridional" —que denota a los habitantes en las colonias españolas— representa al "nuevo sujeto político que surge como protagonista; los pueblos de este lado del continente que alegan un derecho político a existir", explica sobre el término germinal en la concepción de latinoamericano.

"Esa reflexión de la existencia política la acompaña por una reflexión cultural, de quiénes somos esos sujetos que salimos a defender el derecho a ser libres e independientes", en el sentido de que las nuevas instancias políticas de la revolución poseen también una dimensión cultural, resalta Calzadilla.

"No es un asunto geográfico solamente sino una adscripción cultural", explica sobre este autorreferente basado en el concepto de que "deberíamos tener una forma política que nos una", idea que Bolívar consideraba sobre la revolución suramericana en el contexto mundial.

"Él llega a hablar del ‘equilibrio del universo’ en el cual América pudiera y debería cumplir una función", explica Calzadilla, sobre las ideas que expresan un pensamiento anticolonialista "que va a trocar luego en lucha antiimperialista", como lo consideran varios investigadores, entre ellos el cubano Francisco Pividal.

Considera Calzadilla que la vigencia de la Carta de Jamaica se fundamenta en tres aspectos: el equilibrio de poderes o pluripolaridad, el imperativo de la unión para lograr la independencia y la identidad cultural del continente, enfoques retomados por Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana.

Génesis de un escrito

Para comprender la evolución de la Carta de Jamaica se pueden identificar sus fases pre-editorial (ajustes y correcciones) y editorial (publicaciones en inglés y español), con algunas variantes del documento o "contestación" a un "señor de esta isla", quien le manifiesta a Bolívar su interés por la lucha independentista en una primera carta con fecha 29 de agosto de 1815.

La misiva suscrita por Bolívar es del 6 de septiembre. La versión al inglés fue traducida 14 días después, el día 20, por el canadiense John Robertson y posee correcciones en francés hechas por puño y letra del Libertador; en julio de 1818 fue publicada, por primera vez, en el The Jamaica Journal and Literate Gazette (Kingston), por gestión de Pedro Gual.

En 1825 se imprimió por segunda vez en el The Jamaica Journal and Kingston Chronicle y una tercera versión, 18 años después de escrita (1833), fue publicada en Caracas —única hasta esa fecha en castellano— por Francisco Javier Yánez y Cristóbal Mendoza en la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador.

Dicho texto, aparentemente "canónico", será reproducido en los trabajos de José de Austria (Caracas, 1855), Felipe Larrazábal (New York, 1883), José Félix Blanco y Ramón Azpúrua (Caracas, 1876), Simón O’Leary (1883), Vicente Lecuna (1929) y la Sociedad Bolivariana de Venezuela (1972).

De la fase pre-editorial se rescatan los manuscritos de la versión inglesa y la versión en castellano, que fue recientemente hallada. El documento en inglés fue localizado por Guillermo Hernández de Alba, conservado por el Archivo Nacional de Colombia, en Bogotá, con tachaduras y enmiendas de varias manos, a tinta y lápiz.

El segundo fue hallado en 1996, como anónimo y sin fecha, por el investigador ecuatoriano Amílcar Varela en el Archivo Histórico del Banco Central de Ecuador. Posee 16 folios, un pliego faltante y un tercer párrafo adicional en el número 14 que evidencia la omisión, presuntamente intencional, de parte de su contenido.

Una comisión venezolana revisó el documento, con evaluación técnica visual organoléptica (material), grafotécnica y paleográfica (escritura) para cotejar con los textos producidos por el secretario del Libertador, Pedro Briceño Méndez y certificó la autenticidad de este escrito, calificado como "único documento conocido hasta la fecha manuscrito en castellano", concluye el acta con fecha 28 de octubre de 2014.

Historia de un documento

Bolívar llegó a Jamaica el 14 de mayo de 1815, proveniente de Cartagena (Colombia), sin recursos y agotado físicamente. Fue recibido por el gobernador de la isla y algunos comerciantes ingleses, pernoctó en una modesta pensión donde sobrevivió a un atentado en su hamaca, del que resultó muerto Félix Amestoy, proveedor de su ejército.

De sus reflexiones surge una prolífica actividad literaria, con cartas e informes, entre ellas su respuesta a un incógnito "señor de esta isla". Luego de 140 años, en 1954, fue descubierta la identidad del destinatario de la misiva de Bolívar por parte del monseñor Nicolás Eugenio Navarro, quien determinó que se trataba de Henry Cullen, comerciante inglés, explica en su libro El destinatario de la Carta de Jamaica.

Robertson, traductor de la versión inglesa de la carta y general de brigada incorporado a la causa independentista, murió en Jamaica el 15 de octubre de ese año, luego de culminar la primera biografía del Libertador, el 24 de septiembre, que fue publicada en 1816 por el New York The Columbian.

Sobre cómo llegó el manuscrito en castellano a Ecuador, detalló Varela en declaraciones a AVN la probabilidad de que Manuela Sáenz lo obtuviera en Jamaica luego de su expulsión de Bogotá (1834) y lo extraviara en Quito (1835) antes de partir a Perú, país donde permaneció hasta sus últimos días. Manuelita, una vez más, salvó al Libertador. 
Por: Pedro Ibáñez

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